Hoy mi viaje me lleva a presenciar, por primera vez, la tradicional fiesta soriana de La Saca.
Este evento, vinculado a la festividad de San Juan Bautista, consiste básicamente en trasladar 12 toros o novillos bravos desde el monte Valonsadero hasta la plaza de toros de Soria.
Son unos diez kilómetros de recorrido, primero por campo y después por asfalto, para lo que se recurre a jinetes, ganado manso y sanjuaneros a pie que ayudan a realizar el traslado.
Dicen que La Saca no se explica, se vive, y es por esta razón que tenía muchas ganas de asistir con mi cámara y ser espectador de un año más de su historia, puedes ver las fotos AQUÍ.

Y es precisamente su historia uno de los motivos principales que me atrajeron a ella, puesto que sus orígenes se estiman a la par que los propios de las fiestas de San Juan y que se pierden en la historia.
Oficialmente se ha dicho que La Saca existe documentalmente desde 1574, pero sin duda ya existiría anteriormente, al menos desde que surgió la necesidad de ese traslado, aunque a diferencia de las multitudinarias Sacas actuales, hasta hace poco más de un siglo La Saca era eso, un mero traslado de ganado sin mucho interés en el que participaban unos cuantos ganaderos y algún soriano muy aficionado. De hecho ni siquiera tenía el título de festejo, más bien se consideraba un trabajo obligado por parte de los ganaderos que explotaban los recursos ganaderos del monte y entre cuyas responsabilidades contractuales estaba la condición de trasladar el ganado a Soria.
Estos ganaderos adjudicatarios de los pastos de Valonsadero han sido tradicionalmente las mismas familias, a los que se les ha llamado “cabañeros” o “vaqueros”.
Algunos documentos evidencian que durante siglos La Saca no despertaba especial interés entre los sorianos puesto que era sólo un transporte de ganado, y que ya entonces resultaba una labor compleja, sobretodo para el animal, como se puede leer en una noticia recogida en un acta municipal del concejo de Soria de 12 de julio de 1585 que dice «…hay mala orden en el traer de los toros a esta ciudad cada año que los traen, vienen cansados y maltratados de tal manera que no se puede aprovechar de ellos, y algunos se mueren antes que se corren, demás de que en cada año se gastan en traerlos doce mil maravedís y más; acordaron que se haga una jaula en que se traigan los dichos toros para evitar el dicho daño y gastos, acordaron que se haga la dicha jaula… ».
Existen más documentos que siguen insistiendo en la necesidad de construir aquella jaula y pagar al carpintero que la hiciera, pero no consta de forma escrita que se haya llevado a cabo esa idea.
A mediados del siglo XIX, en 1854, se pavimentó la carretera de Burgos favoreciendo así el acceso al monte de las personas que a caballo o en carruaje querían participar en este acto en el que a finales del siglo XIX, en 1892, ya participaban activamente algunos sorianos, pues en la documentación municipal sobre adjudicación de pastos habla de la obligación de los ganaderos de traer el ganado pero ya «…con o sin auxilio de vecinos que quieran concurrir».
De esta época ya se encuentran documentos escritos accesibles, prensa, recuerdos familiares y fotografías, y con todos esos datos podemos ver que La Saca comenzó, poco a poco, a dejar de ser un simple transporte de ganado para convertirse en el espectáculo que conocemos.

Aún así, en esos finales del siglo XIX el festejo todavía estaba lejos de estar masificado, sobre todo porque el jueves era día laborable y no todos podían permitirse el asistir. Además la distancia a Valonsadero hecha a pie implica mucho tiempo por lo que los afortunados que acudiesen serían profesionales que pudieran permitirse dejar de trabajar un día y que contasen además con coche o caballo en el mejor de los casos, o bien los más accesibles mulos o burros.
Una de las primeras crónicas localizadas sobre La Saca la ofreció Maximino Miguel en el artículo “Mi Opinión” escrito en la revista ilustrada Las Calderas de 1903, en el que describe La Saca de su época como “un festejo multitudinario al que gentes de todas las edades y clases, acuden en coche o a pie, y antes de partir hacia Soria comen y beben.” Las fotografías de esa época nos permiten intuir una Saca con una presencia estimada de alrededor de cien jinetes, varias docenas de personas a pie y un buen número de carros, calesas y carricoches de tracción animal.
Conforme fue avanzando el tiempo, la popularización de los vehículos a motor favoreció la presencia de cada vez más público, pero aún era un día laborable y de mercado lo que impedía acudir a La Saca en masa. Y así fue hasta que llegó una fecha clave, 1956.
En ese año los jurados y el gobernador civil López Pando, lograron introducir varias reformas en el desarrollo de las fiestas, entre las que se encontraba la declaración de festividad local para el Jueves La Saca, con lo que el 28 de Junio de 1956 fue la primera Saca para una gran parte de la población soriana que entonces conocieron una fiesta de la que habían oído hablar y que cobró un gran interés popular hasta convertirla en el festejo multitudinario y popular que es hoy.

De esta forma sabemos que, al menos en ese año, a las 10:30 de la mañana y en Valonsadero, se celebró un gran gymkana motorista en la que se inscribieron veintiséis corredores cuyos ganadores obtuvieron trofeos y premios en metálico.
El recorrido sería desde San Millán hasta El Bustarejo, La Verguilla, El Cubillejo, las Camaretas, el Ventorro, la Tejera, Prados Villacos, campo de San Andrés, evitando entrar en la ciudad dando un rodeo por la huerta de San Francisco a la fuente del Cañuelo, desde ahí y por la Huerta de la Muerte, hoy Pajaritos y calle Camino de los Toros, por donde ya entraban obligatoriamente a la ciudad por la puerta de Valobos, bordeaban la iglesia del Espino, seguían por la Calle del Pósito para llegar a la plaza Mayor donde, por el Arco del Cuerno, se encerraba en los toriles que hubo allí.
En 1854 la plaza de toros de San Benito ya estaba construida pero no se sabe con seguridad si ya fue en ese año o más bien al siguiente cuando el recorrido de La Saca se alteró para dirigir al ganado a los corrales de la plaza y que, en términos generales, vendría a ser el mismo trayecto actual.
En cuanto al tiempo empleado, encontramos quien dice que duraban dos horas, pero otros han dicho que cuatro y hasta seis si surgía algún problema, pues había que intentar a toda costa que el ganado no escapase pues al día siguiente tenía que ser enmaromado y/o lidiado y no había repuesto por lo que de escaparse tenían que ir a buscarlos.
En algún momento, presumiblemente en la posguerra, comenzaron a construirse los corrales en Cañada Honda que ya tomaron su aspecto más o menos definitivo en 1944. Aquellas Sacas alteraron desde entonces su recorrido pues comenzaban allí en vez de en San Millán, pero al principio no salían por la actual puerta sino que lo hacían por la puerta lateral del corral grande de la cañada Honda.
Tampoco hay un momento claro en el que variaron su recorrido, pero al menos desde 1955, los doce novillos salen de los corrales por la misma puerta que ahora, conformando la imagen clásica de La Saca que existe hoy en día..
Actualmente y con la normativa legal, los novillos de la Saca no pueden ser los mismos que se lidiarán al día siguiente y que ya se encuentran desde hace días en los corrales de la plaza, lo que ha convertido a La Saca realmente en un espectáculo, un vistoso festejo que se parece más a un encierro formado por los más de doce mil metros de vallado de madera que los operarios municipales colocan desde finales de mayo.

Mi conclusión es que La Saca es una tradición con casi 500 años de historia, que se sepa, que comenzó como un trámite obligatorio y nada masivo, pero que con el paso de los años se ha convertido en un evento popular multitudinario arraigado a las fiestas de San Juan, razón por la que se mantiene hasta la fecha, y probablemente lo hará por un tiempo más.
Queda claro que a día de hoy ya no cumple la función de antaño y se ha convertido en un espectáculo que mantiene viva esta tradición centenaria, aunque en sí misma no cumpla la misma función.
Debemos tener en cuenta que las fiestas y tradiciones son un ente vivo, que se transforma y adapta a los tiempos, a las normativas o a las nuevas costumbres, y que, en esencia, no desaparecen, sólo se transforman.
LA SACA HOY
Los sorianos acuden al monte Valonsadero desde la madrugada en sus vehículos particulares, andando o en los autobuses que el Ayuntamiento pone de forma gratuita a disposición de los interesados.
Paralelamente a la interminable caravana que se forma a primera hora de la mañana, a las 9:30 parte la comitiva oficial formada por los jurados y el Ayuntamiento desde la plaza Mayor por el centro hasta los autobuses que dispone el ayuntamiento, organizándose un vistoso desfile hacia Valonsadero en el que participan también algunos coches autorizados, vehículos época y carrozas a caballo engalanadas.
El público sigue concurriendo en torno a los corrales y esperan a que llegue la hora mágica bebiendo, durmiendo o buscando el mejor sitio para ver el espectáculo. Los más valientes esperan junto a las puertas de los corrales cerradas con llave hasta el final, y muchos correrán dentro del recinto asignado para el ganado, lo cual debe tomarse con mucha seriedad, y debe reconocer que acude libremente y que sólo por estar ahí ese día debe asumir ciertos riesgos.
Infaltable para esta larga jornada son también los bocadillos que darán fuerzas a eso de las 14:00, cuando los toros hagan su primera parada en la Vega de San Millán.

Minutos antes de las 12:00 horas las rocas y vallado que rodean la zona ya están repletas de espectadores que quieren ver la salida, pero también la pradera está llena de gente que espera el momento más esperado.
Dos cohetes ponen en sobreaviso de la inminencia del acto y al llegar el tercero, a las doce en punto, la puerta roja de los corrales se abre y comienza La Saca.
En pocos segundos los toros ya están dispersándose por la pradera mientras jinetes, motoristas y caminantes intentan que mantengan el rumbo trazado para llegar hasta la plaza de toros en Soria.
Quizá sea éste el momento más peligroso. Además de los toros que salen en estampida, es igualmente peligrosa la aglomeración humana y la gran cantidad de caballos, hasta 150, en un espacio que se hace pequeño hasta que se abre la inmensidad de la pradera.

Si todo va bien los toros llegarán a los corrales de San Millán cerca de las 14:00 hrs, apenas un kilómetro de recorrido para el que se emplea unos cuantos minutos, entonces el ganado se detiene y se encierra mientras todos descansan comiendo y reponiendo las fuerzas.
A partir de las 14:30 se produce la segunda salida de los toros bravos, ahora arropados por una manada de bueyes, vacas y jotos, que recorrerán la etapa que va desde San Millán hasta el siguiente descansadero en el Corral del Cubillo o de la Venta del Aire, situado entre la carretera general y el carril bici en pleno pinarcillo bajo la fábrica de aglomerados. El camino -determinado por la Cámara Agraria Local, el Ayuntamiento y los Amigos de la Saca- alterna campo, asfalto y ciudad, y me cuentan que hasta aquí es normal que lleguen todos los novillos, pero que lo complicado empieza en esta trazada en la que los animales pueden desorientarse y no seguir a la manda, lo que no resulta de extrañar teniendo en cuenta el estrés al que están sometidos, el intenso calor que suele ser predominante a finales de junio, o los ruidos que les desorientan.

Este es, en teoría, el último parón antes de llegar a Soria, y se retiene al ganado el tiempo suficiente para tratar de recoger todos los novillos y que descansen a la sombra.
Desde ahí y hasta los corrales de la plaza, el camino es casi todo sobre asfalto y urbano, y está acompañado por miles de sorianos y ya menos jinetes, quienes poco a poco llevan al ganado hasta la ciudad, que a esas horas está atestada de personas que contemplan el grupo o dan de beber con mangueras a los agotados novillos y a los sedientos sanjuaneros. Esta parte pavimentada es muy apta para que se luzcan los sanjuaneros que van a pie, pero es poco adecuada para los animales, herrados o no, que suelen patinar en el asfalto.
Muy espaciados entre ellos, los novillos comienzan a llegar hasta los corrales, su destino final, a excepción de al menos un ejemplar, que me comentan tuvo que ser recogido por un camión, lo cual evidencia lo duro del recorrido.

Hacia las cinco de la tarde, tres cohetes indican el fin oficial de La Saca.
Tras una agotadora jornada de calor, esfuerzo físico y falta de sueño, algunos se retiran a reponer fuerzas pero muchos otros se quedan en la plaza de toros, pues a eso de las 18:00 comenzará una capea de vaquillas en recuerdo de las “catas” a los toros que se hacían antaño.
Los que no descansan son los miembros de cada cuadrilla que recogerán a los músicos de sus propias charangas y comenzarán a recorrer el primero de los muchos pasacalles que desarrollarán en estos días, bailando sin parar y convidando vino desde la bota a todo aquel que se encuentren.
Al caer la tarde hay en la plaza Mayor una orquesta, y por la noche, verbenas de cuadrilla o pasacalles. El día ha sido largo, emocionante y agotador pero el día siguiente se presenta parecido o incluso más agotador, pues no son pocos los que sin dormir acudirán mañana a la plaza que es Viernes de Toros, pero eso ya es otra historia.